Guerra Civil de 1891

Para entender cómo se llegó a la guerra civil es necesario remontarnos al gobierno de Santa Maria y a la tradición de sucesión presidencial. José Manuel Balmaceda fue el heredero político de Domingo Santa María, primero fue su canciller y luego su ministro del interior. Balmaceda fue proclamado candidato el 17 de enero de 1886 apoyado por el Partido Nacional, Liberal y una fracción de los radicales. El contendor se retiró de la carrera presidencial, convirtiendo a Balmaceda en el nuevo presidente el 30 de agosto de 1886.

El programa de gobierno se caracterizó por el desarrollo económico a través de grandes obras públicas, consideró la implementación de una instrucción pública completa, la consagración de la libertad de culto y la separación de la iglesia y del estado. El presidente propuso la industrialización del país a través de medidas proteccionistas y la inversión del Estado para diversificar la producción y mejorar los sueldos. En términos políticos propuso la reforma a las municipalidades y a la ley de partidos políticos. Por último, intentó unir al liberalismo bajo un solo gobierno.

El primer paso del gobernante fue intentar solucionar una lucha teológica que data de la administración de Pinto. El arzobispado de Santiago estuvo vacante después de la muerte de Valdivieso, su ultimo ocupante. De Paula Taforo, su reemplazante, fue saboteado por los eclesiásticos ultramontanos en la Santa Sede. Balmaceda, a pesar de ser liberal, entendía la importancia de reconciliar al gobierno con la iglesia, por ende, buscó a Mariano Casanova, un candidato de consenso.

La crisis que le continuó provino de la elección municipal. Eusebio Lillo, el ministro del interior repitió los comicios municipales al estar los anteriores viciados, esta nueva elección tuvo como resultado el triunfo de la oposición y un ajuste en el mapa político. A pesar de la buena imagen que tenía el ministro en el país, este tuvo la resistencia de los liberales disidentes. Los disidentes buscaban derribar al ministro y reemplazar a los miembros del Partido Nacional, en respuesta, Lillo presentó su renuncia al gabinete para evitar que la obstrucción parlamentaria continuara.

El presidente en el discurso presidencial del 1 de junio de 1887 planteó expresamente la unidad de los liberales y todos sus partidos, por lo que se creó un ministerio con liberales disidentes. Estos reclamaban dos ministerios a pesar de no ser significativos en la coalición, así los ministerios quedaron conformados por dos ministerios por cada facción: liberales, liberales disidentes y nacionales. En 1888 se realizaron otros comicios, más limpios que los anteriores, pero aún con problema de intervención electoral.

La oposición volvió a avanzar un par de escaños en esta elección, en respuesta, los disidentes convencieron a Balmaceda de formar un gabinete únicamente liberal, este accedió y expulso al Partido Nacional del gobierno. Este movimiento terminó afectando al gobierno al eliminar a varios de los individuos de mayor talento en su gabinete, también debilitó su apoyo en el congreso al ser los disidentes una facción minoritaria.

En este punto el conflicto con el congreso empieza a asomar y sus gabinetes empiezan a caer en los sucesivos conflictos con el legislativo. La crisis causada por la ruptura con los nacionales deja al gobierno debilitado en el congreso, en este punto Balmaceda procede a solicitar la incorporación de los Radicales al gobierno y se cumple temporalmente su sueño de tener a todos los liberales bajo un mismo paraguas.

La nueva coalición liberal se termina cuando los nacionales, radicales y disidentes cansados de los sucesivos cambios de Balmaceda forman un grupo político propio. Balmaceda los denominó “el cuadrilátero”, estos tenían un poder casi equiparable al cada vez más débil partido liberal del gobierno. Al presidente, eventualmente, no le quedó más remedio que entrar en coalición con este grupo.

Esta alianza fue breve debido al choque entre ambos grupos y entre el cuadrilátero y Enrique Sanfuentes, el potencial sucesor de Balmaceda. El choque se debió a que el cuadrilátero tenía tres objetivos: libertad electoral, independencia de los partidos del ejecutivo y la creación de un sistema parlamentario. Los objetivos del grupo chocaban con la autoridad presidencial, la capacidad del presidente para influenciar los partidos y por sobre todo la capacidad de elegir a su sucesor, es decir, su capacidad de intervención electoral para colocar a Sanfuentes de candidato.  

El presidente se dio cuenta que su idea de un liberalismo unido había sido un fracaso y se preparó para combatir a la oposición que deseaba despojarlo de sus facultades. El gobierno buscó el apoyo del Partido Conservador, pero no resultó, viéndose acorralado decide desechar a su sucesor y ungir a Claudio Vicuña, pero esto no terminó con los conflictos y sus gabinetes seguían cayendo. El gobierno con minoría en el congreso ya no podía legislar, por lo que Balmaceda decide nombrar gabinetes en base a la distribución de las fuerzas políticas en el congreso. La nueva forma de repartir cargos duró hasta 1890 cuando el congreso se negaba a aprobar las leyes periódicas de ese año, luego nombró a un gabinete presidencialista.

Adolfo Ibáñez quedó a la cabeza de interior y en el ministerio de guerra colocó a José Velásquez, el primer militar del gabinete. La inclusión de este último fue el inicio de la polarización de las fuerzas armadas. El 30 de mayo el gabinete se volvió a reformular, pero ahora con Sanfuentes a la cabeza del ministerio del interior. La oposición se volvió a enardecer por la presencia de Sanfuentes, los que usaron el aplazamiento de la discusión de la ley de presupuesto de 1891 para provocar el reemplazo de los ministros por unos de corte parlamentario.

Los parlamentarios intentaron acusar constitucionalmente al gabinete de Sanfuentes, puesto que la constitución prohibía la modificación del ministerio e incluso contemplaba la inhabilitación para gobernar. Balmaceda, ante la presión, preparó un plan con sus ministros y militares cercanos para disolver el congreso. Mariano Casanova logró evitar el golpe al negociar un acuerdo con la oposición para pasar la ley de contribuciones con la condición de nombrar un gabinete de carácter parlamentario. El nuevo gabinete fue liderado por Belisario Prats como ministro del interior.

La tregua se rompió debido a los conflictos causados por la elección presidencial y las diferencias entre Prats y Balmaceda. En octubre de 1890 el presidente nombró un gabinete de carácter presidencial con Claudio Vicuña en Interior, para evitar la acusación constitucional clausuró las sesiones extraordinarias del congreso aún sin tener la ley de presupuesto aprobada. Con el cierre del congreso la polarización política se disparó, las acusaciones de tiranía hacia Balmaceda provenían del público y de la prensa, los ataques fueron tan virulentos que iban desde cuestionar su salud mental hasta su hombría.

Balmaceda a su vez atacó a los “judíos y revolucionarios” que se levantaron en su contra. El gobierno vivió otra crisis con el incidente en la concentración del Club Conservador. La policía intentó disolver por la fuerza la concentración, acción que le costó la vida a Isidro Ossa, un joven que escapó y murió en los brazos de su madre. Ni la oposición ni el gobierno querían ceder, por lo que, el año 1891 Balmaceda a través de un decreto prorrogó los presupuestos del año anterior, acción que produjo una crisis institucional y eventualmente una guerra civil.

El Comienzo de la Guerra

El congreso declaró que el presidente quebrantó la ley, a lo que Balmaceda respondió instaurando la dictadura y asumiendo todos los poderes públicos. El 6 de enero se sublevo oficialmente la escuadra pero no se plegó el ejército, por lo cual, el conflicto entre el presidente y el congreso se convirtió en una guerra civil. El congreso se trasladó a Iquique con el apoyo de la Armada, al mando del capitán Jorge Montt, y parte del ejército. El “comité revolucionario” se formó en la capital para organizar a la oposición a Balmaceda.

El congreso tuvo que combatir dos veces para controlar el norte: el combate de la aduana de Iquique y Pozo al Almonte. El congreso logró controlar la riqueza del salitre además de una posición difícil de atacar sin apoyo de la escuadra. La Junta del Gobierno presidida por Jorge Montt e integrada por Ramon Barros Luco y Waldo Silva se instauró en Iquique, el primer acto fue dar a conocer el acta de deposición de Balmaceda. Los financistas Augusto Matte y Agustín Edward Ross lograron la compra de armas último modelo además de trabar la entrega de los cruceros presidente Pinto y presidente Errazuriz a Balmaceda.

El gobierno Balmacedista en Santiago impuso un férreo control bajo el mando de Domingo Godoy, este a su vez, no escatimo en medios para aplastar la rebelión. Las universidades, liceos, los clubes, centros políticos y diarios fueron cerrados. Las cortes fueron reemplazadas por tribunales militares y las cárceles se llenaron de opositores, también se requisaron sus bienes y se instauró una política de enrolamiento forzoso para aumentar las tropas del bando presidencial.

El gobierno, con desventaja en el mar, decide enviar a las torpederas Lynch y Condell para hundir al Blanco Encalada. Ambos barcos logran su objetivo la madrugada del 23 de abril en un ataque sorpresa en el puerto de Caldera. Este fue el primer hundimiento de un barco a través de un torpedo autopropulsado lanzado desde otro barco, a pesar de la victoria balmacedista, estos no lograron revertir la desventaja que tenían con el congreso.

El 20 de agosto un grupo de opositores se reunieron en el fundo de Lo Cañas perteneciente al senador Carlos Walker Martinez para esperar instrucciones del comité. El fundo fue rodeado por tropas del ejército y los 84 opositores fueron apresados, torturados y luego ejecutados por órdenes de Orozimbo Barbosa. Este evento fue un golpe a la moral de los balmacedistas debido a las criticas de la población y se recuerda como La Masacre de Lo Cañas.

Los revolucionarios en el norte prepararon su ejército improvisado con marineros y trabajadores del salitre entrenados por Emilio Körner en la usanza prusiana. El ejercito del congreso desembarcó en los puertos de Valparaíso y Quintero. Esta acción debió ser acompañada por la inutilización las torpederas del gobierno y la destrucción de puentes para evitar el desplazamiento de tropas balmacedistas. Solo el primer objetivo fue intentado a manos de Ricardo Cumming, pero fue delatado por uno de sus cómplices y el 12 de Julio de 1891 fue condenado a muerte por fusilamiento.

El ejercito congresista comandado por Estanislao Del Canto se dirigió a Valparaíso, punto estratégico para la defensa del gobierno balmacedista. Estanislao se encontró con el ejército del gobierno atrincherado en la rivera sur del rio Aconcagua, este último estaba comandado por Orozimbo Barbosa. Al iniciar el cruce del rio las tropas congresales fueron protegidas por el fuego de la corbeta O’Higgins y el crucero Esmeralda. Las fuerzas balmacedistas contraatacaron, fueron 5 horas de guerra con bajas significativas en ambos bandos. El ejercito presidencial finalmente cedió y los remanentes se retiraron a Valparaíso o se sumaron a las fuerzas del congreso.

Luego del combate las tropas avanzaron hacia Valparaíso, pero las fuerzas de Balmaceda con refuerzos llegados del sur se desplegaron en la actual Viña del Mar. Los balmacedistas lograron atrincherarse y resistir obligando a Del Canto a rodear Valparaíso por el lado este. Las fuerzas del gobierno salieron en su encuentro y se desencadenó la batalla de Placilla.

En Placilla de Peñuelas 11.000 hombres comandados por Estanislao del Canto se enfrentaron a las tropas comandadas por Orozimbo Barbosa y José Miguel Alcérreca. A las 6 de la mañana el ejercito congresistas marchó por el camino del real hacia Valparaíso mientras que la artillería lo hizo en forma paralela al camino para ubicarse en una loma 1 kilometro al poniente en el cerro la Granada y a 2,8 km de la artillería del gobierno.

Las hostilidades las comenzó el bando de Balmaceda con fuego de batería y fue respondido por la artillería de Del Canto, luego de esto, las fuerzas del congreso avanzaron y lograron hacerlos ceder hasta que llegaron refuerzos enemigos lo que los obligó a retroceder. La batalla se extendió a todos los frentes y cerca de las 10 A.M. el bando balmacedista había comenzado a ceder.  

El flanco izquierdo del bando gubernamental comenzó a huir en desorden, el 2do de línea que se encontraba en el centro aún resistía el embate de las fuerzas del congreso, pero con el 70% de sus efectivos fuera de combate. La caballería terminó por romper el flanco derecho de las fuerzas balmacedistas y para las 12 se había terminado el combate. Este combate se considera el más sangriento de la guerra civil y significó la muerte de varios héroes de la Guerra del Pacifico y personajes destacados de la vida pública.  

Luego de esta victoria el destino del gobierno de Balmaceda estaba sellado. El 29 de agosto Balmaceda se enteró del resultado del combate y como respuesta entregó el poder al general Baquedano y se asiló en la embajada argentina. El vacío de poder fue aprovechado por turbas, delincuentes e incluso por el bando derrotado para saquear y destruir la ciudad. El 30 de agosto las fuerzas del congreso entran a Santiago y el 19 de septiembre el depuesto presidente se suicida dejando una carta final.