
La independencia de Chile, al igual que todos los procesos de independencia en Latinoamérica, tuvo dos grades inspiraciones políticas: La Revolución Francesa y la Revolución Norteamericana.
El primer intento en nuestro país se conoce como “la revolución de los tres Antonios” debido a sus precursores: los franceses Antonio Berney y Antonio Gramusset además del criollo José Antonio de Rojas. Es considerado el primer intento independista de América latina, pero quedó en una mera anécdota luego de que los conspiradores extraviaran los documentos del plan. Los pliegos, en francés, fueron entregados a la policía por un buen samaritano que desconocía su naturaleza.


La posibilidad de la independencia se abrió con la Invasión Napoleónica de España que terminó con el monarca legítimo depuesto, debido al vacío de poder nació el Supremo Consejo de Regencia de Cádiz. A pesar de esto, Chile desconoció su autoridad debido a que la lealtad era al rey de España y no al pueblo español.
«¡Junta queremos! ¡Junta queremos!»
Para suplir la falta de monarca el Reino de Chile llamó a la primera junta de gobierno. En esta se juró la lealtad a la monarquía, pero dentro de la junta convivían grupos con fidelidad al rey y otros que pensaban en una futura república.
Como primer acto de la junta, se dio término al monopolio de la metrópolis sobre las exportaciones e importaciones dando paso al libre mercado. A pesar de las múltiples reformas, se mantuvieron las desigualdades en el acceso a las instituciones y a los cargos públicos. Solo los peninsulares tenían acceso al poder, tanto los criollos como los mestizos eran incapaces de participar de las decisiones del Estado. Esta situación llevó a la eventual agudización del conflicto entre peninsulares y los criollos que querían participar de la vida pública.
Patria Vieja

En 1811 ocurre la muerte del presidente de la junta, Mateo de Toro y Zambrano, y asume Juan Martínez de Rosas, el líder de facto los criollos. En esta posición uso su influencia para ubicar a criollos en cargos importantes del gobierno. Él además solicitó ayuda a Las Provincias Unidas del Rio de la Plata para afianzar el gobierno independiente. Abordó la primera critica del proceso, el hecho que sólo representaba a los vecinos de Santiago, por lo cual llamó a un congreso nacional. A pesar del liderazgo de Juan Martínez de Rozas, la tendencia del congreso era hacia la moderación y no hacia el independentismo.


La Real Audiencia consideró que la situación, y por sobre todo, la elección, eran antimonárquicas. Como resultado, se conspiró junto a Tomás de Figueroa para retomar el control de la colonia. El coronel se sublevó el 1 de abril de 1811 e intentó disolver la junta para impedir las elecciones. El motín terminó con 56 bajas, De Figueroa fusilado, y la Real Audiencia disuelta sin violencia ni castigo a sus miembros.
La elección que siguió dejó con mayoría a los monarquistas y moderados, pero los independistas se vieron fortalecidos entre los criollos y los mestizos. En el congreso, las diferencias sobre la representación de ciertos territorios además de los conflictos de estatus, llevaron a la generación de dos movimientos similares pero independientes.
El primer movimiento llevo a cabo la Revolución del 5 de septiembre, ocurrida en Concepción. Está comenzó por las irregularidades en la elección, lo que llevó a su posterior desconocimiento. Los independistas formaron un cabildo abierto organizado y liderado por Juan Martínez de Rozas, el cual logra reemplazar a los antiguos diputados de la provincia. Este cambio en los representantes de Concepción le da una mayoría liberal e ilustrada, pero aún no dispuesta a la independencia.
El 15 de noviembre de 1811, el segundo movimiento dio el llamado «Primer Golpe de Carrera» el cual significó un paso más hacia la independencia. Por una parte, declaró ilegal todo acto proveniente del extranjero, pero el reglamento constitucional provisorio de 1812 siguió expresando lealtad a la monarquía. Esto pudo haberse debido a la necesidad de establecer un consenso entre las distintas posturas dentro de la población chilena.

Carrera era consciente de la necesidad de desarrollar una identidad diferenciada y distinta a la española. Durante su gobierno, se estableció la primera bandera nacional, el escudo, la escárpela de la patria vieja además de la Aurora de Chile, el primer periódico del país. También se crearon instituciones como el Instituto Nacional y la Biblioteca Nacional. Como contraparte, se pudo notar la vaguedad con respecto al tipo de régimen, Por un lado, se apelaba a la república, pero en la práctica parecía tener resabios monárquicos. Esto se puede notar en el reglamento, el cual omitió la duración del cargo, dando a entender que el cargo era de por vida. Esta tesis se refuerza si se toma en cuenta los artículos que La Aurora de Chile publicó destacando las ventajas de una monarquía constitucional o un régimen mixto.
Posteriormente, el gobierno Carrerino prohibió las críticas a su gobierno, primero bajo las penas de exilio, hasta el 22 de marzo de 1813, bajo la pena de muerte. Las acciones de los hermanos Carrera intimidaron a ambos bandos dentro de la naciente república, esto contuvo el potencial apoyo que podían conseguir. La animadversión generada incluso significó la pérdida del reconocimiento por parte de la junta provisional de Concepción.



Este mismo conflicto significó una oportunidad para el Virrey del Perú, Jose Fernando de Abascal. La alarma causada por el gobierno carrerino provocó que la guarnición de Valdivia volviera a tomar órdenes del Virreinato. Al frente de la expedición del Virrey se encontraba Antonio Pareja, que desembarcó en Concepción en 1813. El brigadier cae muerto de pulmonía luego de fracasar en los intentos por avanzar, en su remplazo, sube Gabino Gainza. Su primer logro fue capturar a Carrera mientras estaba en campaña.
La captura de Carrera permitió a Bernardo O’Higgins asumir el mando del las tropas. Gainza notó que el bando patriota no tenía caballería y decidió asaltar Santiago directamente, logrando cruzar el rio Maule antes de los patriotas. A pesar de esto, O’Higgins se le adelantó a ultimo minuto cruzando Rio Claro, logrando atrincherarse en la hacienda de Quechereguas, cortándole el paso hacia Santiago y hacia Concepción.
O’Higgins logró atrincherar a Gainza en Talca sin suministros ni refuerzos. El Virrey, frente a la derrota, ofreció un trato, paso libre a Gainza y sus tropas hacia Perú por Talcahuano y el reconocimiento de las Cortez de Cádiz a cambio de no intervenir en Chile. El tratado de Lircay que formalizaba este acuerdo fue firmado por O’Higgins y las tropas se retiraron hacia Concepción. Irónicamente, un día antes de la firma, Fernando VII restableció la monarquía absoluta e hizo desaparecer las Cortes de Cádiz, algo que aún no era conocido en América. A pesar de la firma y el reconocimiento de la lealtad hacia España, el movimiento independista se fortaleció con el conflicto.

Con el tratado se liberó a los prisioneros, pero se dejó a los hermanos Carrera en la prisión realista en Chillan. Este hecho causo indignación en los independistas carrerinos y denunciaron el tratado. Una vez que los hermanos lograron escapar y llegar a Santiago, comenzaron a conspirar para remover a Lastra. La aparición de Carrera causó agitación en el gobierno civil, a tal punto que solicitaron a O’Higgins restablecer el gobierno, este ultimo, se encontraba con sus tropas en Talca vigilando a las tropas realistas más al sur. Carrera en su ausencia volvió a hacer un golpe que destituyó al director supremo e instaló una nueva junta de gobierno. O’Higgins, en respuesta, volvió a Santiago. El Combate de las Tres Acequias ocurrió a las afueras de Santiago.

Mientras las facciones independistas combatían entre ellas, Gainza hizo todo lo posible por retrasar su salida para aguardar la expedición comandada por Mariano Osorio.
Eventualmente llegó una carta del Virrey, con fecha 28 de agosto del 1814, en esta se desconocía el tratado de Lircay y se exigió una rendición absoluta con 10 días de plazo. La carta llegó luego de la fecha limite, por ende, Chile y España ya estaban en guerra. Para ese momento, las tropas realistas ya se encontraban en San Fernando.
Primeros Combates

A pesar de sus diferencias, ambos bandos se unieron para luchar contra los Talavera enviados por el Virrey. Este regimiento fue formado ad hoc para las guerras contra las colonias, estaba compuesto por peninsulares y locales reclutados. El bando patriota tenía dos estrategias: encontrarse con el enemigo en Cachapoal o en la Angostura de Paine. El objetivo era darle tiempo de recrear las fuerzas desbandadas posterior al tratado de Lircay. El plan fue dividir las tropas, O’Higgins con sus 900 hombres en la rivera de Cachapoal se replegaría a la angostura en caso de ser necesario. Esta estrategia resultó un fracaso al no poder detener el avance de Osorio y sus fuerzas terminaron atrincherados en Rancagua con las fuerzas de Juan José Carrera.


Ambos grupos resistieron en el lugar para darle la oportunidad a las tropas de Luis Carrera de atacar por la espalda. pero José Miguel Carrera, que había tomado el control de las tropas, sea por malinterpretación o por esperar el repliegue hacia angostura, no intervino en el combate pese a desplegarse en su cercanía. Este movimiento generó inicialmente una orden de retirada de Osorio, pero al no ver un avance, continuó el ataque provocando el llamado Desastre de Rancagua.
La Reconquista

La derrota causó pánico en la población de Santiago y los planes de defensa fueron rápidamente olvidados. El gobierno civil, junto a los patriotas abandonó la ciudad y comenzó una travesía hacia Argentina. La población monarquista en cambio se preparó para recibir a las tropas de Osorio, pero rápidamente se dieron cuenta que el ejército enviado buscaba castigar a la población.
El restaurado gobierno monarquista organizó el tribunal de vigilancia encabezado por Vicente San Bruno para realizar persecuciones políticas. Hubo abusos, violaciones y asesinatos. Los sospechosos de ser patriotas que no se presentaron voluntariamente eran apresados en la cárcel de Santiago. La mayor parte de las personas que no se presentaron y fueron apresadas terminaron siendo ejecutadas. Esto, lejos de ayudar con su objetivo español, solo fortaleció al bando independista.
Los patriotas que sobrevivieron el cruce de los Andes fueron recibidos por el gobernador de Mendoza, José de San Martin. La relación de O’Higgins con San Martin era fluida y compartían lazos anteriores por pertenecer a la Logia Lautarina, en cambio, con Carrera era tormentosa, no ayudó que este desconociera a las autoridades argentinas y en particular la autoridad de San Martín.
O’Higgins se incorporó como brigadier junto a los patriotas al Ejército Libertador de los Andes. Mientras se organizaban, San Martín ordenó a Manuel Rodríguez realizar la llamada Guerra de Zapa, su objetivo era desmoralizar y dificultar la operación del ejercito realista, además de mantener la moral de los patriotas que quedaron en territorio nacional.


En diciembre de 1816 el ejército de los Andes completó su formación, y en enero de 1817, recibió la autorización del director supremo de las Provincias Unidas para marchar a Chile.
El Ejercito Libertador marchó por la cordillera hasta descender con más de 4000 hombres además de caballería y artillería hasta el poblado de Curimón. En el lugar se refugiaron en los jardines de un convento franciscano en el Valle del Aconcagua.

El 12 de febrero comenzó la batalla de Chacabuco, en donde el Ejército de los Andes combatió nuevamente contra las tropas de Rafael Maroto. La victoria de este combate permitió instalar a los patriotas en Santiago y reunir nuevamente la asamblea. Esta mostró la voluntad de colocar a San Martin como gobernador. San Martín lo rechazó, argumentando que debía ser un chileno quien gobernara Chile. Concordando con su juicio la asamblea aclamó a Bernardo O’Higgins como director supremo de Chile. El 12 de Febrero de 1818, en el primer aniversario de la batalla de Chacabuco, se proclamó la independencia.
Patria Nueva

Joaquín de la Pezuela, el nuevo Virrey, resolvió recurrir a Osorio, entregándole el mando de otra fuerza expedicionaria. Esta arribó a Concepción y aprovechó de reclutar tropas en la zona y reunir a las facciones indígenas que apoyaban mayoritariamente al bando realista. Bernardo O’Higgins, por otra parte, se repliega más al norte para intentar frenar los avances realistas. Lamentablemente resultó derrotado en Cancha Rayada. Con esa derrota se difundió el rumor de su muerte, y el pánico comenzó nuevamente además de preparaciones para cruzar la cordillera.
En busca de arengar y lograr controlar la situación, Manuel Rodríguez pronunció la famosa frase:
!Aún tenemos patria, ciudadanos!
En ese momento se declaró director supremo, cargo que entregó 30 horas después al volver Bernardo O’Higgins de la batalla.


O’Higgins delegó el mando de sus tropas a San Martín, quien las reunió en los llanos de Santiago para defender la capital. El 5 de abril de 1818 ocurre la Batalla de Maipú, en esta batalla participaron distintos personajes destacados como Borgoño, Santiago Buenas. En el final de la batalla llegó O’Higgins con parte de la población civil armada, entre ellos mujeres y niños, que corretearon las fuerzas restantes del ejercito realista hasta Lo Espejo.
La Derrota de Osorio fue tan grande que optó por retirarse a Concepción sin intentar nuevamente otra excursión a Santiago. Con esto, la independencia quedó asegurada y San Martin fue honrado como el salvador de la Patria.
O’Higgins creó la Primera Escuadra Nacional comandada por Lord Thomas Cochrane para evitar nuevas incursiones. La Escuadra capturó los canales fluviales de Valdivia además de Osorno y Rio Bueno. El fin de la campaña llegó en 1820 con el combate de El Toro. Luego se continuo hasta Valdivia en donde se intentó la toma de Ancud por tierra, pero no logró conseguirlo dejando a Chiloé en manos españolas.


San Martin, por otra parte, continúo acabando con todos los grupos que complicaban la independencia, la estabilidad del estado o la convivencia. Este conflicto es denominado Guerra a Muerte, debido a que no hubo toma de prisioneros por ninguno de los bandos. Sabiendo que aún la independencia podía colocarse en duda, se establece la expendición libertadora del Perú. Esta expedición tuvo un éxito limitado y el logro de liberar Perú recae en las tropas de Bolivar. La independencia de Perú se declara el 9 de diciembre de 1824 con la Batalla de Ayacucho, luchada por Sucre.

El cierre de este periodo ocurre con la caída en desgracia de Bernardo O’Higgins. El director supremo logró gobernar hasta 1823 pero su gobierno perdió el apoyo progresivamente. Su carácter, el cual algunos consideraban autoritario, la muerte de los hermanos Carrera en Mendoza y de Manuel Rodríguez, su política tributaria, la abolición de la esclavitud además de la prohibición de los símbolos y escudos nobiliarios le terminaron generando enemigos dentro de la elite.
En 1823 ocurrió la sublevación de su antiguo camarada, Ramon Freire, que fue apoyada por casi todo el espectro político. Al principio O’Higgins se planteó responder con las armas, pero eventualmente cambió de opinión y llamó a un cabildo, este lo acusa de déspota y autoritario. Para evitar la guerra civil entre sus tropas y los opositores a su gobierno decidió renunciar. En ese momento O’Higgins rasga su ropa y muestra el pecho, y llamando a los adversarios a tomar venganza. Se retiró con honores de Chile y se autoexilió al Perú.
